Hoy quiero compartir tres diferentes historias de personas que buscan o han buscado empleo en los últimos tiempos.

Son personas que contrataron mis servicios o que conocía de mi entorno de amigos y familiares. Obviamente las historias se han transformado lo necesario para evitar cualquier parecido con el caso real y al final de cada una de ellas adjunto el aprendizaje que pienso se puede extraer de cada caso.

depositphotos.com-maximsamos

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El caso del falso buscador activo.

R. era una persona que ya llevaba varios meses en situación de desempleo y cobraba una prestación económica por desempleo. Él defendía que era alguien que “buscaba activamente empleo” y decía aquello de “estoy en paro pero no parado“. No obtenía resultado positivo alguno y cuando le conocí le pregunté que “¿qué entendía él por “búsqueda activa”?”. 

Pues básicamente se limitaba a buscar todos los días en InfoJobs e inscribirse en 20 ofertas diferentes, incluso en las que ya sabía de antemano que iba a ser descartado porque no cumplía ni uno de los requisitos. Aquello le producía una gran frustración y pensaba que jamás conseguiría empleo.

Aprendizaje: búsqueda activa no es solo buscar en un portal de ofertas. Posiblemente esa sea una de los métodos más pasivos, si bien es cierto que es muy importante, pero no puede ser esa la única estrategia a seguir. Con la orientación adecuada, R. empezó a tener entrevistas de trabajo.

El caso del candidato que nunca llamaban por teléfono.

J. ha entregado en mano cientos de CV porque piensa que para su sector, la hostelería, es la mejor opción, pero no obtiene respuesta alguna. Cree que su currículum es razonablemente correcto, y así lo parece en un principio…

J. se centró tanto en el contenido de su CV y en cómo redactar y destacar su experiencia que jamás se fijó en un detalle, ¡que su teléfono de contacto estaba mal escrito! Además nunca puso el email porque daba por hecho que en cafeterías y bares no se utiliza para estos fines.

Aprendizaje: revisa concienzudamente los datos de contacto del CV y ofrece todas las vías de contacto posibles, no infravalores al posible empleador y dale cuantas facilidades puedas para posibilitar el contacto contigo.

El caso del candidato “confidencial”.

B. era una candidata que había ocupado muy importantes puestos directivos en empresas de cierto renombre, de ese tipo de empresa que a casi cualquiera podría sonar. Su currículum, tras trabajar con él, quedó como una auténtico documento de venta, muy potente, y así fue cómo empezó a conseguir muy buenas entrevistas.

Pero algo fallaba, ninguna de ellas se traducía en un acceso a una segunda fase del proceso de selección. Fue entonces cuando me pidió hacer una entrevista simulada, como uno de los servicios que ofrezco. Enseguida quedó claro qué estaba pasando…

A la mitad de las preguntas su respuesta era un “eso es confidencial y no puedo decirlo“, ¡así mismo! Ella pensaba que esta actitud haría que destacase su gran integridad profesional, pero el problema es que así era imposible obtener información suficiente para el entrevistador, máxime cuando las entrevistas eran para puestos de gran responsabilidad. Al cambiar su estrategia en la entrevista los resultados positivos empezaron a llegar.

Aprendizaje: diferencia bien qué es confidencial de lo que no lo es. Normalmente una empresa no quiere saber datos y asuntos que puedan ser secretos, sino cómo te desenvuelves en tu puesto de trabajo y qué nivel de conocimiento tienes sobre las tareas, el puesto y el sector. Por eso analiza bien qué es exactamente información confidencial y qué no, y en cualquier caso intenta siempre responder saliendo adelante de la situación, aunque sea omitiendo esta información confidencial pero ofreciendo una gran respuesta.

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