Últimamente hemos mencionado este asunto de la confidencialidad en un proceso de selección. Es un tema delicado, pues muchas veces es muy delgada la línea que separa la información con fines de presentación personal con la información que se utiliza como provecho empresarial.

depositphotos.cojm-Amaviael

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Te muestro algunas pautas que podrías tener en cuenta como norma general, pues como siempre, cada caso y situación son particulares y tu mismo debe ser quien decida qué procede en cada momento.

#1. La confidencialidad comienza en ti mismo.

No seas tu quien vaya mostrando información no solicitada o que pueda parecer irrelevante. Y para esto no hace falta estás en búsqueda de empleo: vigila mucho tus comentarios e información proporcionada en redes sociales, blogs personales y demás. Muchas personas, con su mejor intención, ofrecen información delicada como cifras de facturación, problemas internos, sobre innovaciones o productos en vía de lanzamiento, etc. La pregunta es obligada: ¿esta información puede ser pública o no?

#2. No te metas en líos.

Porque aunque no lo sepas, es posible que tu contrato tuviera una cláusula que mencione explícitamente el compromiso de confidencialidad que se te requiere como trabajador de dicha empresa. Y no creas que es necesario trabajar en una empresa que sea innovadora o en proyectos tecnológicos… esto mismo lo he visto en contratos de personas que eran vendedores en un hipermercado pero que tenían acceso directo a información sensible.

#3. Decir ciertas cosas se puede volver en tu contra.

Revelar determinada información es posible que sea muy bueno para manifestar tu capacidad de trabajo o la envergadura de las empresas para las que se ha trabajado, pero un posible empleador podría considerar que efectivamente esa información podría ser confidencial y que si ahora revelas esos datos de tu antigua empresa, tal vez sean sus datos los que queden al descubierto en el futuro. 

#4. Habla mejor de porcentajes, no cifras.

Es frecuente cuando se habla de objetivos de ventas. El vendedor que dice que su objetivo era vender 100 pero él vendió 200 está revelando cierta información que se podría ahorrar si dice en su lugar que fue capaz de vender un 100% más del objetivo de la empresa.

Expresar información de esta forma es una mejor manera de afrontar estas situaciones.

#5. Si tienes que hacerlo, habla de cifras aproximadas.

Llegará un momento que se pida cierta información que está en esta situación delicada de la que estamos hablando. Volviendo al ejemplo del vendedor, o al de un gerente, por ejemplo, es posible que el entrevistador quiera saber la cantidad de volumen de dinero que ha manejado en una cuenta de explotación para determinar si será capaz de gestionar o no el nuevo negocio. Aquí se reducen las opciones y mucho me temo que habrá que decir un dato: “550.000 €”, pero recuerda, si de forma expresa en un contrato anterior no puedes revelarlo, siempre podrías decir una horquilla aproximada para no decir un dato real y concreto: “entre 500.000 y 600.000 euros”. 

Además esto último se puede argumentar perfectamente: “No le puedo decir el dato exacto debido al compromiso de confidencialidad que firmé en su momento, pero si que es una cifra que está entre 500 y 600 mil euros”. Pese a que pueda parecer raro, es mucho mejor salir adelante de esta forma que decir que “es confidencial y no puedo decir nada“.

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