Quizá como la mayoría estás ahora disfrutando de las vacaciones y puedes dedicar un ratito a reflexionar sobre cuál es tu cacahuete. Por eso aprovecho para hacerte llegar una historia que te hará reflexionar sobre aspectos como gestión del tiempo, productividad, éxito, eficacia… 🙂

Cuál es tu cacahuete

Cuál es tu cacahuete

¿Cuál es tu cacahuete?

Existe en Africa una especie de mono muy poco conocida de la que apenas se sabe nada. Esto es debido a que muy pocos consiguen capturar uno de estos diminutos monos. Se caracterizan por su rapidez, agilidad y habilidad para camuflarse. Si se conoce la existencia de estos monos es en realidad gracias a una tribu pequeña que ha conseguido capturar algunos e incluso amaestrarlos. Un explorador muy interesado en documentar la especie pidió permiso a la tribu para acompañarles. No lograba entender de qué modo habían conseguido capturar un animal con esas habilidades cuando cazadores de otras tribus no habían podido acercarse.

Tras pasar unas semanas en la tribu y ganarse la confianza del mejor cazador, este invitó al explorador a acompañarle en su jornada. ¡Tocaba capturar uno de esos monos! Como deseaba poder aprender más y que le dejasen incluso acercarse y observarlo. Soñaba con poder documentar dicho ejemplar y poder ponerle un nombre. Ohhh, no hay mayor logro que ponerle un nombre a las especies que están por descubrir. Es asegurarse un lugar en la posteridad.

Así pues, tan ansioso como emocionado el explorador acompañó al cazador hasta lo profundo del bosque. El cazador le ordenó que se sentase en una roca y observase desde ahí. A pesar de que suponía estar alejado obedeció por miedo a que el cazador se arrepintiera de su decisión de haberle traído. Se quedó con la libreta y lápiz en mano con todos sus sentidos grabando y registrando cada sensación.

Entonces el cazador se acercó a un claro que tenían delante y excavó un pequeño agujero. El explorador observaba expectante pues el agujero era muy pequeño para que el mono pudiera caer por él. Era mucho menor que el tamaño aproximado que había calculado tendría la cabeza del mono. Acto seguido el cazador sacó de su bolsa de piel un tarro pequeño de cristal, el orificio del tarro era menor que el de las típicas mermeladas que venden en el supermercado. El explorador no conseguía identificar qué producto sería el que inicialmente habría ocupado ese recipiente ahora vacío.

El cazador metió el tarro en el agujero y lo rodeo con tierra asegurándose de que quedaba perfectamente encajado en el hueco. Acto seguido cogió algunas piedras del terreno y las pisó alrededor del tarro para poder darle más firmeza a la tierra y que de ese modo no se moviera.

El explorador estaba cada vez más extrañado, pues no entendía cómo funcionaba esa especie de “trampa” que el cazador estaba construyendo. El cazador se giró hacia el explorador y sonrisa amplia en su rostro mostró algo en su mano. “¿Cacahuetes?” preguntó el explorador. El cazador sin emitir un sonido sonrío asintiendo. Un cacahuete apenas cabía por la abertura del tarro de cristal, pues eran grandes recubiertos con su cáscara, no estaban pelados y fritos como solemos verlos en bares o envases de las tiendas.

Metió un cacahuete en el tarro y dejó uno fuera del tarro, a la vista en la tierra aplastada que rodeaba el tarro. Una vez colocados los cacahuetes regresó al lado del explorador y mediante un gesto le indicó que guardase silencio. El corazón del explorador comenzó a latir con fuerza, sus pensamientos se arremolinaban en la mente tratando de anticipar lo que sucedería.

De pronto, se escucha el crujir de unas hojas. Y una sombra se proyecta desde lo alto de los arboles en mitad del claro. El explorador se gira en la dirección del árbol pero no consigue ver nada. Al regresar la mirada al claro observa un precioso ejemplar del mono, agazapado, observando y acercándose al cacahuete que está en la arena. Llega hasta él sigilosamente y tras olerlo lo agarra y sale corriendo hacia un árbol. Este proceso no dura apenas un minuto debido a su agilidad y rapidez.

Pronto regresa al claro y olisquea el aire buscando un nuevo cacahuete. Rápidamente detecta el aroma procedente del tarro enterrado y se apresura a meter la mano dentro del tarro. De repente comienza un forcejeo por sacar el cacahuete del tarro. En ese momento el cazador se levanta con calma y comienza a caminar hacia el mono. El mono al verlo comienza a sacudir más vigorosamente su brazo tratando de sacar el cacahuete del tarro. Incapaz de conseguirlo comienza a usar sus patas para hacer fuerza y empieza a chillar de desesperación. El cazador ya está a centímetros del mono y se puede observar en su expresión el auténtico horror por no poder escapar. El cazador, cubre al mono con un saco y lo cierra excavando en la tierra para llevarse el mono, el tarro y el cacahuete.

El explorador, intrigado porque no entiende el funcionamiento de la trampa, no comprende dónde puede estar el truco, le pregunta al cazador: ¿Cómo funciona el tarro? ¿Lleva pegamento? ¿El enterrarlo crea algún tipo de succión? El cazador se gira despacio mira a los ojos del explorador y le dice “no es el tarro el que atrapa al mono, es el cacahuete”. Ante la cara de incomprensión del explorador continúa: “el mono prefirió aferrarse a un simple cacahuete a soltarlo para vivir libre creciendo, experimentando y disfrutando quizá de otros cacahuetes”.

Ahora yo te pregunto, en tu trabajo, en tu vida personal… ¿cuál es tu cacahuete?

Un abrazo!

Sabina Serrano

#ÉxitoDirectivo