El "castigo del bueno" en desempleados

Las personas estamos ocupadas siempre, da igual que estés trabajando o que no. Si estás trabajando siempre tienes trabajo que hacer y muchas veces incluso te dan tareas adicionales de regalo «por si te aburres». Pero cuando uno está desempleado se convierte en el «comodín« de la familia, es la persona que tiene tiempo de ir al banco, llevar a los niños al cole, cocinar, comprar la comida, limpiar la casa, cuidar del abuelo o abuela…

Lo cierto es que muchas veces se olvida que la persona desempleada tiene un trabajo al que debe dedicarle muchas horas al día si queremos que consiga un nuevo empleo. Bastante cuesta mantener el esfuerzo y la constancia conforme pasan los meses sin resultados como para que lo compliquemos al no insistir y apoyar a que el desempleado cumpla con su trabajo de buscar trabajo.

¿Qué es el «castigo del bueno»?

En Recursos Humanos siempre tratamos de evitar que nuestros jefes o mandos intermedios utilicen «el castigo del bueno» sobre los empleados. Este «castigo» consiste en que cuando un trabajador o persona en la empresa es mejor que los demás (nos hace el trabajo más rápido, de mejor calidad, nunca nos dice que no, etc.) se tiende a pensar en esa persona para cualquier tarea nueva. Llegando a saturar y sobrecargar a esa persona en lugar de centrarnos en que sus compañeros (también trabajadores nuestros) alcancen su nivel. Lo que nos lleva a terminar «quemando al trabajador«.

¿Puede sufrirlo un desempleado?

Sí, esto también ocurre en el desempleado, pero los que llevan a cabo el «castigo» en este caso, son familiares, amigos y en ocasiones el propio desempleado. Al no tener un horario fijo ni un lugar al que acudir se «asume» que se tiene tiempo libre para hacer cosas que otros por tener empleo no pueden hacer. Pero lo cierto es que si no marcamos unos límites al final la situación irá empeorando y el desempleado acabará «quemado».

¿Cómo evitarlo?

Podrás evitarlo siguiendo estas sencillas pautas:

  1. Horario «No molestar» (excepto en una emergencia claro). Marcar unas horas en las que actuaremos como si estuviéramos en nuestro trabajo, ni hacer recados, ni interrupciones para preguntarte por la cena, ni ver la tele, ni jugar con los niños, etc.
  2. Reparto de tareas. Decidir quién se hace responsable de cada tarea en la casa y cumplir cada uno con su tarea asignada, teniéndolo en cuenta cuando diseñamos el horario «no molestar».
  3. Reuniones. Hay que compartir los avances o retrasos en el proceso de búsqueda. Esto hace que las personas con las que convivimos formen parte del proceso de búsqueda y se involucren. Además de servir como motivador para el desempleado pues debe decir todo lo que ha hecho para conseguir empleo, a los que asisten a la reunión se les pueden ocurrir ideas o hacer sugerencias que mejoren el proceso de búsqueda. Otro beneficio es que eliminan la sensación de estar solo ante este problema.
  4. Constancia. Hay que obligarse y/o que te obliguen a cumplir todo lo anterior, el proceso de búsqueda de empleo puede alargarse en el tiempo y debemos ser constantes para que los frutos lleguen. Además el mantener estas rutinas nos aleja de caer en depresiones, dejadez o aislamiento y también contribuye a que cuando llegue ese nuevo trabajo no suponga un cambio. Seguiremos manteniendo un horario, tareas y reuniones a cumplir por lo que nuestro estilo de vida sufrirá un cambio menos radical y por lo tanto menos estresante.

Me interesa tu opinión, puedes contestarme dejando un comentario: ¿Estando desempleado dirías que has sufrido o sufres este castigo?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *