En la vida, sin duda hay momentos en los que debemos actuar, en otros debemos detenernos e incluso hay momentos de saber esperar. Normalmente hablamos del resultado de actuar o de detenernos, pero es importante hablar también que esperar siempre tiene un coste, sobre todo si hablamos de buscar empleo.

Derechos de foto: Fotolia

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Hace poco escribí un artículo sobre “El día que decides rendirte…” mostrando el resultado de detenernos por completo en la búsqueda de esa vida profesional mejor, esa vida que merecemos todos. Aunque normalmente mis artículos van enfocados a ponerte en acción o darte herramientas, en esta ocasión quiero volver a señalar hacia los costes de esperar en la búsqueda de empleo.

Seguramente aquellos que estáis habituados a cerrar contratos me comprenderéis mejor, pero igualmente es algo bastante sencillo aunque no podamos tener cifras para cuantificarlo. Ya hace un tiempo escribí un artículo sobre el cuento de la lechera en la búsqueda de empleo, pero sigue repitiéndose el mismo error una y otra vez: esperar.

¿Qué situaciones producen esa espera?

En algunos casos, tras terminar con un trabajo que no nos agradaba demasiado, o que sí, pero en el que estábamos más de 10 años decidimos relajarnos un poco y descansar porque “nos lo merecemos”. Y no es que no te lo merezcas, es que te mereces algo mejor que descansar unos meses, te mereces tener un trabajo que te apasione y por el que no sientas que debes descansar. Aún no se ha comenzado a buscar empleo y puede parecer que será más fácil de lo que muchos dicen ya que acabamos de quedar desempleados y además hemos conseguido trabajo anteriormente seguramente sin problemas.

Otros, tras ver que van recibiendo llamadas y que hacen entrevistas quedan continuamente a la espera de una respuesta positiva, en estos casos cuesta más ver el coste de esperar, porque se crea una falsa ilusión de futuro en la que en breve recibiremos el deseado SÍ. La sensación de estar cerca de conseguirlo no ayuda a la proactividad necesaria ni al valorar o hacer un análisis de los resultados.

¿Por qué esperar tiene un coste?

Ya sea por descanso o por pensar que estamos a punto de cerrar un contrato, el esperar se traduce en un coste poco visible y no es otro que el de perder las otras oportunidades de trabajo que aparecen en ese período en el que estamos esperando.

Muchos son lo contratos o relaciones comerciales que en el último momento no se formalizan quedando en nada, esto sucede y no poco. ¿Imaginas una empresa que esté sin seguir buscando clientes porque ha hablado sobre un posible contrato con otro cliente? La respuesta, seguramente será que no, al menos si es una buena empresa.

Como candidatos, tengamos trabajo o no, debemos hacer lo mismo, seguir buscando clientes hasta que realmente hayamos firmado el contrato. En ocasiones se enfocan las oportunidades no como una pérdida, sino como un oportunidad que se ha dejado de conseguir, esto es un error si nos conduce a esperar y un acierto si pensar de otro modo nos crea ansiedad. Lo cierto es que cada oportunidad perdida es dinero que dejamos de ganar, meses que dejaremos de reflejar en nuestro currículum y experiencia profesional que habremos perdido para siempre.

Una explicación cotidiana para que no sigas esperando

Nos “convertimos” por desgracia en profesionales menos atractivos a los ojos de las empresas y aunque realmente nuestra valía no es menor que la del primer día, nos sucede como a esa prenda de ropa que vemos en una tienda en las rebajas, esa prenda que nadie compró en su momento, dudamos del motivo de que siga ahí, nos gusta mucho ya que es la misma prenda que el primer día, pero incluso miramos si tiene alguna mancha o roto para haber llegado sin venderse a las rebajas. En muchas ocasiones su destino habrá sido convertirse en un “saldo” en las rebajas por un precio mucho menor del que merece, quizá porque alguien la dejó escondida para comprarla después y no regresó, o ante la promesa de una compra se guardó en el almacén para un cliente que finalmente decidió no pasar a recoger la reserva realizada.

Esperar siempre tiene un coste, el de perder oportunidades interesantes o el de perder tu atractivo para las empresas.

La pregunta ahora es… ¿Estás dispuesto a asumir ese coste?