“Hola:

Vengo del futuro, como en esos horribles anuncios de detergente que publicitan en televisión.

Derechos de foto: Fotolia

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Esta carta está escrita por tu “yo” del futuro, de un futuro no muy lejano. Bueno, eso realmente es lo de menos. Ya sabes, el tiempo parece que pasa más rápido de lo que lo hace en realidad. Efectivamente no es tanto, si echo la vista atrás, pero es cierto que han pasado muchas cosas, tantas que ahora por fin tienes el trabajo que te mereces.

No conseguías el trabajo de tus sueños. No había manera de conseguir ese ascenso tan anhelado. No había forma de conseguir entrevistas. No era posible que alguien te valorara como realmente sabías que merecías. No era posible mientras siguieras haciendo las cosas de la misma manera. Menos mal que empezaste a hacer las cosas de forma diferente.

Habías retocado tu currículum mil veces, pensabas que estaba bien, que más o menos seguías las indicaciones que encuentras en Internet. Pero por si acaso también hiciste un video-currículum, y otro impreso en una bombona de butano en miniatura, por aquello de demostrar tu creatividad. Nada de eso sirvió para nada hasta que no empezaste a redactar tu CV como un auténtico documento de venta y pensando en que no era cuestión de que te gustase a ti, sino en que gustase a quien lo iba a leer: la empresa donde querías trabajar.

El tema del networking, reconócelo, era un poco de risa. Tardaste mucho tiempo en comprender que el verdadero networking se basa en dar, dar y dar, para alguna vez recibir. Tomaste muchos cafés insistiendo en que se acordaran de ti, expresamente dando tu CV a diestro y siniestro, pero esa no era la clave. Menos mal que al final caíste en la importancia de rodearte de personas de confianza, que era mejor la calidad sobre la cantidad.

Apuntarte a cualquier oferta se había convertido en lo habitual, “por si acaso”. Anda que no, cientos de ofertas y empresas, en anuncios que ya sabías que no llevaban a ninguna parte porque no reunías los requisitos en formación o experiencia mínimas. Aquello solo servía para frustrarte, una y otra vez. Hasta que un buen día empezaste a hacer las cosas de diferente manera y ser selectivo, estudiar bien los anuncios y apostar decididamente por aquellos que si encajaban con tu perfil. Entonces las cosas empezaron a cambiar rápidamente, y donde todo antes era un descartado o sin respuesta, empezó a cambiar a recibir llamadas y hacer tus primeras entrevistas.

¿Y qué me dices de las entrevistas? ¿Tu te acuerdas de cómo ibas al principio? Muy subidito a veces, con la cabeza demasiado baja en otras ocasiones, ya lo creo. No se trataba de impresionar a quien te entrevistara, no se trataba de demostrar que tu experiencia era imprescindible para la empresa, te costó darte cuenta pero al final lo hiciste, cuando empezaste a considerar que debías seleccionar las palabras adecuadas, el tono, hacer las preguntas oportunas, que tenías que investigar mucho más y mejor a la empresa… en definitiva, que tenías que bajar mucho más al terreno y demostrar que te habías preparado la entrevista a fondo.

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Al final como ves, aunque ahora no lo sabes, llegará el día en el que empezarás a hacer las cosas de forma distinta y solo entonces empezarás a obtener resultados. No dejes que pase más tiempo, créeme ¡ya va siendo la hora!

Y tranquilo, que te conozco y sé lo que estás pensando, al fin y al cabo yo también estuve ahí sentado leyendo la carta de mi yo futuro. Pero si hoy disfruto del trabajo que me merezco y deseaba tener es porque cambié el modo de hacer las cosas, si no funcionaba algo trataba de ver qué podía hacer para mejorar. Y te adelanto un secreto, me ha funcionado tanto, que ahora lo trato de aplicar en los demás ámbitos de mi vida y estoy seguro de que conseguiré nuevamente mis objetivos también a nivel personal.

Yo sé que puedes hacerlo porque en este momento disfruto de los resultados de lo que hice. Si te entras dudas, recuerda que ¡ya lo has conseguido! 🙂

Fdo.

Tú “yo” del futuro