Es curioso cómo uno de repente se va dando cuenta de que se ha hecho mayor, estamos tan inmersos en el día a día que no apreciamos realmente el paso del tiempo. Hay semanas que parecen interminables y otras que dices “¿ya se acabó la semana?”, pero es curioso cómo a casi todo el mundo le pasa esto en alguna ocasión. El post de hoy surge de uno de esos momentos, pero como estoy segura de que no es algo que se piense amenudo es bueno que lo leas.

Depositphotos.com-Porechenskaya

Depositphotos.com-Porechenskaya

Es una tarde tranquila, de esas que no hay mucho tráfico y escucho voces de gente joven en la calle, esto me llama la atención ya que la calle es tranquila y no suelen reunirse ni pasar por ella adolescentes. El caso es que con toda claridad los oigo reirse e incluso retarse entre ellos: “¡a que no lo superas!”. Esa frase capta mi atención y pienso para mí “¿qué animalada o tontería se les habrá ocurrido?” y sonrío mientras muevo la cabeza (primera señal inequivoca de que me hago mayor). 🙂

De repente mi cabeza se pone en modo “catastrófico – dramatico ON” y me recuerda que mi coche está aparcado en esa calle, no vaya a ser que en uno de sus “retos adolescentes” termine fastidiando el coche, (segunda señal de que efectivamente me he hecho mayor, jeje).

Es por ese motivo por el que me acerco a la ventana (sin que me vean) a observar y escuchar qué están haciendo y de paso a ver el coche. Lo que viene a continuación es lo que todos deberíamos aplicarnos pero por supuesto sin la misma finalidad que lo hacen ellos.

No sé si alguno recordará (quizá en vuestros pueblos o ciudades no se hacía eso) la tipica bromita de tocar a un timbre y salir corriendo. O más retorcida aún, llamar al timbre y preguntar algo para que tras la respuesta dijeras algo atrevido. Ejemplo: Llamar al timbre y cuando contesten preguntar “¿Aquí lavan la ropa?” y ante la segura respuesta negativa por parte de quién responde el telefonillo, decir “Pues son unos guarros”. Tras lo cual todo el grupito corría calle abajo hasta girar la esquina.

¡Qué hazañas! ¡Qué valientes! ¡Qué atrevidos! Es irónico y puedes imaginarme moviendo de nuevo la cabeza en señal negativa pues como te dije antes, me hago mayor.

El caso es que el asunto ha evolucionado con eso de los móviles y los chavales de hoy en día se dedican a llamar a números de teléfono aleatorios. El reto que he presenciado en este caso es mantener a la persona al teléfono el mayor tiempo posible y para ello se inventan de todo. Las dos llamadas que les he oido hacer, en un caso fingían llamar de una óptica para avisar de que tenían sus gafas y en el otro para informar de que se había ganado un premio.

“La vergüenza era verde y se la comió un burro”

Y para que te he contado esto te preguntarás seguramente, o quizás no porque sabes que siempre lo aplico a la búsqueda de empleo. 😉 Pues la realidad es que no les daba vergüenza hacer esas cosas y por eso las hacían. La frase que me decía mi abuela de pequeña es la que da título al post y es que normalmente hay una edad en la que a los niños les da “vergüenza” todo, ya sea saludar al tio que acaba de llegar o ir a la vecina a pedirle sal.

Nunca supe de dónde viene el dicho y por más que he buscado no he logrado descubrir el origen, pero lo cierto es que los adolescentes de los que te hablaba antes no tenían reparos en “fingir” ser otras personas para divertirse. Ya digo que el fin no es correcto, pero me ha hecho recordar a tantas personas que me dicen que les da vergüenza, reparo, cosa… llamar a las empresas para pedir un email de RRHH o acercarse a alguien en un evento y entablar conversación.

Señores, debemos ser todos burros porque nos estamos hartando a vergüenza. Porque vamos a ver, si un chaval puede hacer eso ¿tu no? (que encima no lo haces para reirte sino con educación). La vergüenza no alimenta, sino que vuelve tonta a la gente y la hace menos proactiva, valiente y lanzada. Y no sé si lo sabrás pero el mundo es de los que tienen coraje, de aquellos que dejan la vergüenza para mañana y que no desisten por más que les cuelguen el teléfono 100 veces o les digan que no 1000.

¿Eres de los que come vergüenza cuando busca empleo?