Al hablar de empatía se suele mencionar mucho la expresión “ponerse en los zapatos del otro”, pero luego muchas personas no lo lleva a la practica en la vida real. En las empresas muchas veces tendríamos que preguntarle a más de uno “¿quieres los zapatos del otro? ¿Y su dolor de pies?”, quizá el amor por esos zapatos disminuía.

¿Quieres los zapatos del otro? ¿Y su dolor de pies?

¿Quieres los zapatos del otro? ¿Y su dolor de pies?

Ayer fue un día bastante intenso de trabajo, pese a vivir en Murcia y ser festivo en mi ciudad tenía clientes que atender, es lo que sucede cuando hablamos de festividades locales o provinciales. Esto hace que amigos o conocidos estén de fiesta mientras tu has decidido trabajar, que podría haberlo cogido libre, es mi decisión y estoy contenta con ella. El caso es que cuando hablas en la comida con algunos de ellos y te preguntan por tu trabajo suelen darse muchas veces las mismas afirmaciones y preguntas:

“¡que chula has dejado la consulta!”,

“¿cuántas visitas tienes al mes y al día en la web?”,

“¿de dónde sacas los clientes?”,

“¡yo quiero ser como tú!”, etc.

 

Suelo responder a todas las preguntas y/o afirmaciones, pero esta última pregunta siempre causa polémica por mi respuesta. Suelo decirle a la gente “No, no lo creo”. Ante lo cuál siempre recibo de respuesta un gesto contrariado y una nueva afirmación esta vez menos contundente e insistente que la primera que vuelve a afirmar Sí, claro que quiero tener más de 10.000 visitas al día y clientes contentos que dejan su testimonio sobre mí”.

Nuevamente, sonriendo amablemente suelo repetir mi afirmación inicial: “no, no lo creo”. A continuación, suelo pedir que me dejen argumentar y explicar mi respuesta. Y es que “tú” quieres mis zapatos, sin embargo no estás dispuesto a soportar el dolor de pies que conlleva llevarlos.

Como soy una persona muy transparente, no me oirás decir que es fácil, que no cuesta nada conseguir visitas o que el camino es 100% de disfrute. Y no lo digo porque te estaría vendiendo una moto que no es buena para ti porque no es la verdad o realidad.

Detrás de las visitas al blog hay más de año y medio sin dejar de escribir ni un solo día. Algunos “obligada” por mí misma y otros tan feliz que no haría otra cosa si pudiera. En mi luna de miel recuerdo que me costó escribir, estaba cansada, no solo por el ajetreo de la boda, sino porque el viaje con sus excursiones y visitas también cansa, lo que suele provocar que muchos digan la curiosa expresión “necesito unas vacaciones para recuperarme de las vacaciones”. Jeje

El día de mi boda, pese a tener guardado un post, decidí escribir uno desde cero ese mismo día para compartir mi felicidad con todos vosotros, lo bueno es que al día siguiente ya tenía uno listo para publicarse. 😉

De momento del 100% de los que decían que querían ser como yo, todos acaban por cambiar de idea, quizá alguien si lo desee de verdad algún día, pero en ese caso seguramente ya estará escribiendo posts y trabajando en esa dirección cuando me diga que quiere ser como “yo”.

¿Quieres los zapatos del otro? ¿Y su dolor de pies?

En las empresas, sucede lo mismo, muchas veces trato con Directivos que tienen a su cargo a responsables de equipo o compañeros que les envidian, algunos tratando de hacer méritos para “sustituirlos” a ser posible de forma forzosa incluso. Esto es un claro problema de perspectiva, porque suelen admirarse despachos, coches, la posición en la empresa, el respeto del jefe e incluso la tarjeta de visita.

“Los demás siempre quieren tus zapatos, porque no ven tu dolor de pies”

Y no estoy diciendo ni mucho menos que el directivo que sufre esta situación debe hacer ver su dolor de pies o el coste de su posición, cuidado porque en ocasiones hacer eso ¡es darle armas al otro para que te ataque!

Lo que pretendo es que se despersonalice un poco la situación, que esa persona (el directivo, responsable, jefe…) tome la perspectiva y modo de ver su situación de manera distinta. No es que no valoren tu esfuerzo, sacrificio o lo que te ha costado llegar ahí, no solo no lo ven, es que aún viéndolo no es lo mismo porque “no lo sufren”. Darse cuenta de que no es algo personal, de que están obviando una parte importante de la información al quedarse solo con el bonito acabado de tus zapatos desconociendo el coste de llevarlos.

Si te ha pasado esto y te irrita ver que envidian o tratan de quitarte tus zapatos, prueba a pensar que ellos no sufren tu dolor de pies. ¿Te ayuda pensar eso? 😉