Hoy es viernes, pero al contrario que otros muchos viernes, Sarah hoy no se siente triste. Desde que perdió su empleo los viernes habían perdido el valor que ella les daba antes, e incluso hace semanas que había empezado a “odiar” ese día, sobre todo cuando escucha a sus amigos decir que por fin es viernes y pueden descansar y disfrutar del fin de semana, mientras ella sabe que pasará otro fin de semana sin que haya noticias de obtener un nuevo empleo…

© Depositphotos.com - jumpingsack

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Pero este viernes es distinto, Sarah se siente feliz y hasta la primavera parece haberse decidido a aparecer mostrando un día espléndido. “Es curioso“, piensa Sarah, “parece como si la naturaleza quisiera celebrar conmigo las buenas noticias regalándome este precioso día”. Sarah sonríe y se despereza en la cama, lleva 5 minutos tumbada sonriendo y soñando despierta.

“¡Sarah!” – le grita su madre desde el pasillo para que se levante. Ayer le habría molestado, pero no hoy. Hoy siente que el haber regresado a casa de sus padres a pesar de tener 31 años es solo temporal pues el lunes tiene por fin una entrevista.

Salta de la cama y besa la fotografía que tiene de su nana en el escritorio. “¡Me han llamado, nana! ¡Por fin!” – dice Sarah mirando el rostro de su abuela en la fotografía. Sale de su habitación y va a la cocina – “buff que hambre, hoy podría comerme una vaca” – le dice Sarah a su madre mientras coge dos tostadas.

Mientras desayuna, le cuenta a su madre que el lunes tiene una entrevista para un puesto de administrativa, en una empresa en el centro de la ciudad. Al parecer van a comenzar un nuevo proyecto y prevén que necesitarán más personal, por lo que si todo va bien, acabaría supervisando a las nuevas administrativas que se contratarán a lo largo del año.

Durante el fin de semana Sarah busca información sobre la empresa y se prepara para la entrevista. Le han llegado al email dos ofertas de empleo fuera de la ciudad, pero no les hace caso pues su trabajo será en el centro, más cerca y mejor comunicado.

Tras superar la entrevista del lunes y decirle el entrevistador que le llamarán la siguiente semana para fijar una entrevista con el gerente y el director del nuevo proyecto, Sarah siente que lo ha conseguido. Está radiante de felicidad y pronto comienza a mirar el precio de los alquileres de piso cerca de la empresa, fantaseando con volver a ser independiente. Además la incorporación es para dentro de 1 mes, por lo que tendría tiempo de ir a ver pisos por la zona.

El resto de la semana Sarah se dedica a mirar pisos, ver qué zonas del centro le gustan más, mirar su vestuario para decidir qué ropa ponerse en la siguiente entrevista y repasar su CV y practicar la entrevista que mantendrá con el gerente y director del proyecto. En alguna ocasión se siente tentada de mirar Internet en busca de ofertas de empleo, pero la realidad es que no le apetece nada. Sarah piensa que es la costumbre la que ha hecho que encienda el ordenador para ver sus emails y visitar los portales de empleo, no piensa que pueda ser su subconsciente el que trata de prevenirla de que está cometiendo un error.

Nuevamente vuelve a ser un precioso viernes y más si te acaban de llamar para citarte a la entrevista definitiva el lunes siguiente. Todo va sobre ruedas, se dice Sarah a si misma mientras cuelga el teléfono. El entrevistador le acaba de confirmar que la entrevista se realizará en Lunes a  las 10:00 en las oficinas de la empresa. Esto hay que celebrarlo, Sarah llama a sus amigos, pues hoy si se alegra de que sea viernes y les dice de quedar el fin de semana.

Durante el fin de semana, nuevamente no hace nada de lo que hacía antes, ni siquiera enciende el ordenador, se pone una peli y ese CD de música que la hace bailar como una loca. Queda con sus amigos para salir y pasarlo bien, se podría decir que todo es perfecto, aunque la realidad es muy distinta y Sarah todavía no lo sabe.

Por fin es lunes, Sarah se arregla y acude a la entrevista donde por fin le confirman sus sospechas, es la elegida, le piden que envíe su documentación para realizar el contrato y le indican que la fecha de incorporación se ha retrasado un poco, se hará a mitad de mes por problemas de organización y distribución de las oficinas.

A Sarah no le importa en absoluto, “15 días más de vacaciones“, piensa mientras sonríe. Tras la entrevista le han dicho que la llamarán en unas semanas para concretar el día en el que se incorporará a la empresa, así que solo queda esperar y disfrutar de unas merecidas vacaciones. Lleva solo 2 meses buscando trabajo, pero ha sido una auténtica “leona”, sin despegarse del ordenador ni un segundo, enviando autocandidaturas a las empresas que podrían necesitar sus servicios, etc.

“Quién crea que buscar trabajo no cansa, es que no ha buscado trabajo de verdad”, piensa Sarah, “pues llegan a faltarte horas al día si no quieres perderte ninguna oportunidad”. Pero por fin hoy ha dado sus frutos y puedo descansar antes de darlo todo en mi nuevo empleo, en el que me convertiré en la supervisora de las nuevas administrativas que contraten a lo largo del año, y quién sabe, quizá me aumenten el sueldo cuando tenga esas personas a mi cargo…

Han pasado tres semanas y Sarah está intranquila, le dijeron un par de semanas y ya van tres. El miedo y la duda comienzan a crecer en su interior, pero otra parte de Sarah le dice que es normal y que todo irá bien. Tras dos días manteniendo una lucha interna sobre si debería llamar o no a la empresa, Sarah decide salir de esa incertidumbre y llamar a la empresa.

¡Decepción! Esa es la palabra, aunque si añadimos rabia y tristeza tampoco nos sobraría ninguna, pues Sarah tras colgar el teléfono siente todas esas emociones. Al parecer el banco no ha concedido el préstamo que necesitaban para ese nuevo proyecto y no van a contratar a nadie. Nada, es lo único que hay ahora, durante unos instantes Sarah no siente nada, se queda petrificada con el teléfono en la mano sin reaccionar. A los pocos minutos dos lágrimas caen por su cara y mojan el suelo, al principio son una mezcla de rabia y decepción pero después se convierten en una profunda tristeza.

Lo que más duele a Sarah es el mes que ha perdido sin buscar trabajo mientras soñaba e imaginaba como sería su vida en ese nuevo empleo, ahora ya desvanecido…

😥

Lo que acabas de leer está basado en hechos reales, está historia en concreto, está basada en una vivencia personal de un lector del blog. He querido compartir contigo la historia, para que no tengas que pasar por lo mismo que Sarah y termines siendo tú el que vive el cuento de la lechera.

No podemos controlar imprevistos como estos, pero yo añadiría un punto de precaución al decirte que, incluso cuando comiences a trabajar en un nuevo empleo, mientras dure tu período de prueba busques ofertas los fines de semana, por lo que pudiera ocurrir. 

Por algo ya lo dice el refránhombre precavido vale por dos“. 🙂

La historia de Sarah continúa y si lo deseas puedes saber sobre el día que Sarah encontró la llave a su nuevo empleo.