Si has leído de forma habitual el blog, ya conoces a Sarah, si no, debes saber que le han sucedido muchas cosas durante su búsqueda de empleo. En esta ocasión, en un período de desempleo de su vida laboral, Sarah conoció al reclutador o seleccionador que “no sabía leer”.

© Depositphotos.com - sanjar

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Para situar este suceso dentro de la historia de Sarah, decirte que todavía no había vivido por ejemplo la experiencia de convertirse en “Sarah y el cuento de la lechera“, aunque si había pasado por la dura realidad que muchos cientos de miles de personas han vivido, “el ERE de Sarah“. Ahora que he situado el momento en la vida de Sarah permíteme contarte lo que sucedió…

Pi pi pi pi, pi pi pi piii, pi pi pi piiiiiiii, golpe seco y caída del despertador con sonido de haberse separado en distintas piezas por el suelo. “Bufff” – resopla Sarah – “seguro que lo he roto“. Enciende la luz de la mesita de noche pues aunque es de día con la persiana bajada no entra ni un rayo de luz en la habitación. Se levanta de la cama para tumbarse en el suelo y recoger las pilas, la tapa del despertador y el despertador. Coloca todas las piezas en la cama y prueba suerte a ver si funciona. “Con la de golpes que te has llevado y todavía funcionas, increíble” – le dice Sarah al inanimado despertador que tiene en su mano.

Lo deposita en la mesita de noche, lugar desde el que se había precipitado minutos antes. Es jueves, primeros de diciembre, pero no es un día en el que haga frío ni nada que destacar, ni brilla el sol, ni llueve, ni nieva, ni esta nublado… es un día de esos insípidos que no transmiten nada.

La mañana transcurre con normalidad, típicas tareas de desempleada, mirar el correo, los portales de ofertas, etc. Suena el teléfono y Sarah se sobresalta como si el que suene el teléfono fuera algo inesperado o raro. La verdad es que si es inesperado pues tras meses sin sonar el teléfono ni para tratar de venderte el ADSL más rápido de la ciudad o una tarifa de móvil fantástica si te cambias de compañía uno se olvida hasta de la melodía de llamada que tiene puesta para números que no están en la agenda.

Sarah se pone a buscar el teléfono, porque no sabe dónde lo ha dejado ya que lejos quedaron los días en los que se llevaba el teléfono a la ducha, a comer, etc. y lo miraba cada 10 minutos para ver si había sonado y es que estaba en silencio o había fallado. ” – contesta Sarah. “Buenos días, ¿es usted Sarah Apellido Apellido?” – le pregunta una voz de mujer aproximadamente de mediana edad y con un tono amable. “Sí soy yo” – responde Sarah.

“Verás hemos recibido tu curriculum a través de la oferta de empleo que hemos publicado en Infojobs para el puesto de Administración” – le responde la reclutadora. “Sí, ¿perdona me podrías decir el nombre de la empresa que ahora mismo no lo recuerdo?” – le pide Sarah. Durante un breve espacio de tiempo la reclutadora hace un repaso en el CV de Sarah y le pregunta si sabe llegar a la empresa. Esto va genial – piensa Sarah – me va a citar a una entrevista. Sarah le indica que no sabe la dirección, pero que seguro que no tiene problemas en localizarla usando Google Maps.

La reclutadora quiere asegurarse de que encuentre la empresa y tras preguntarle a modo de confirmación pues está escrito en el CV “¿vives en Cercano?” acuerdan una fecha y hora para una entrevista la semana próxima.

Muy ilusionada Sarah hace los deberes como bien ha leído en los manuales y guías de empleo que ha podido leer estos meses e investiga sobre la empresa. Tanto que hasta hace una presentación en Power Point con los aspectos que llevaría a cabo en caso de trabajar en la empresa y que resultados podría aportar. Lee su CV y practica la entrevista para no dejar nada al azar.

El problema es que en esta ocasión el azar ha actuado ya a pesar de que ella lo desconoce. Tras calcular en Google Maps y coger el GPS de su padre prestado se monta en el coche camino de su entrevista. Es una hora y media porque la carretera en tramos es de doble sentido y no se puede ir muy deprisa, pero conseguir trabajo a hora y media de casa está genial, incluso aunque se mudase podría quedar los fines de semana con los amigos o sus padres.

“¿Ya te vas? ¿Si te sobra media hora?” – le pregunta su madre al verla montarse en el coche. “Sí mamá” – le responde Sarah, que sabe que hombre o en este caso mujer precavida vale por dos. “¡Mucha suerte hija! ¡Llámame cuando llegues! ¡Y cuando salgas! ¡Ten cuidado con el cocheeeee!” – oye a su madre gritar mientras se aleja rumbo a ese nuevo empleo que tanto desea.

El camino transcurre sin novedad, los nervios propios de la entrevista. Al llegar al sitio y ver la empresa busca aparcamiento y un bar o cafetería en la que poder entrar a esperar, tomar una Coca-Cola y hacer pis. Todo va muy bien, se hace la hora y entra en la empresa y pregunta por la reclutadora. A los 10 minutos aproximadamente aparece la entrevistadora que la llamó por teléfono y que es la que le hará la entrevista. Se presenta diciendo que es la Responsable de RRHH de toda la empresa y juntas van a una sala de reuniones.

Nervios… pues comienza la entrevista. “¿Te ha costado encontrar la empresa?” – pregunta la entrevistadora. Sarah sabe que es la típica pregunta para romper el hielo, así que responde con tranquilidad – “Sí, he tardado solo una hora y cuarto en llegar porque no había tráfico“. Cara de asombro de la entrevistadora. El pánico comienza a recorrer el cuerpo de Sarah y en cuestión de segundos Sarah repasa en su cabeza unas diez veces la frase que ha dicho porque no entiende la cara de asombro y pesar que muestra la seleccionadora. “¿No eres de Cercano?” – le pregunta la entrevistadora mirando el CV de Sarah. “Sí, de Cercano de Arriba” – responde Sarah.

Parpadeo de la entrevistadora, carraspeo, silencio y finalmente respuesta. “Discúlpame porque como aquí al lado hay un pueblo que se llama Cercano, pensaba que eras de allí y en la empresa no seleccionamos a nadie que no viva a menos de 30 minutos de la empresa“. Sarah aunque perpleja responde con rapidez no vaya a ser una “prueba”, “bueno pero no tengo inconveniente en mudarme” – le dice a la seleccionadora.

“Ya, el caso es que es una empresa tremendamente familiar y quieren que la persona que se incorpore viva cerca pues se hacen muchas actividades con las familias, etc.” – le responde la entrevistadora. “Pero ya que has venido hacemos la entrevista si quieres” – añade a continuación.

Sarah tarda en responder, no porque no quiera hacer la entrevista, que si quiere pues es practicar, sino porque en su mente se ha quedado recreando una escena en la que Sarah coge su CV y agarrando la cabeza de la entrevistadora le grita mientras le enseña el papel ¿Qué pone aquí, eh? Domicilio: Cercano de Arriba CP. 00000 Provincia de Muy Lejano ¿Sabe leer o qué? ¿Me va a pagar los 20€ en gasolina que me ha dado mi padre para venir y volver?, etc.

Se realiza la entrevista sin pena ni gloria pues es una situación absurda pero por desgracia para Sarah muy real. El azar ha querido que haya dos pueblos con el mismo inicio de nombre, aunque de esos hay muchos, pero si le toca el CV a un entrevistador incompetente y que no se molesta en leer bien algo que es “imprescindible” pues ya tenemos todas las cartas para que salga mal el proceso de selección.

Sé que puede parecerte increíble la historia, pero una vez más la realidad supera la ficción y Sarah tiene una experiencia más en su vida laboral y de búsqueda de empleo que recordar. La enseñanza, da igual el nombre de la empresa que te llame, si sabes que tu pueblo o ciudad se llama igual o parecido a otro (y si no lo sabes, búscalo) asegúrate de que quede claro que saben dónde está.

¿Has vivido alguna vez una situación así?