El ERE de Sarah

Lunes, comienza un nuevo día en el trabajo y Sarah aparca el coche pensando si estará de buen humor su jefe. Últimamente ha estado más borde de lo habitual  (ya es decir pues no es un hombre muy agradable al trato). Le encanta su trabajo como administrativa pero lo cierto es que tiene miedo cada vez que suena el teléfono y ve que es su jefe. El carácter del hombre se ha recrudecido estos últimos meses…

«Vaya, hoy tenemos visita» piensa Sarah al ver el coche del supervisor regional aparcado en la puerta de la oficina. Acelera el paso pues quiere estar puntual en su mesa, no quiere dar excusas para que su jefe la llame al despacho.

Las 12:00, se abre la puerta del depacho y un supervisor les dice a Sarah y sus compañeras que acudan a la sala de descanso que se ha convocado una reunión. Miedo, una primitiva y poderosa emoción recorre los despachos de la empresa pues nadie desconoce que las cifras llevan meses sin ir bien y que se han producido algunos despidos últimamente.

Sarah y sus compañeras de departamento se reúnen con el resto de la plantilla en la sala de descanso. El supervisor regional toma la palabra y anuncia que lamentablemente se va a llevar a cabo un ERE en la compañía y que se verán afectados algunos puestos de esta empresa.

Terror, una sacudida recorre la sala, lugar antes asociado al recreo y descanso que a partir de ese día quedará marcado por el suceso, casi como si las paredes absorbieran ese miedo para devolverlo despúes en cada nueva visita.

A continuación el supervisor coge un folio y comienza a citar a aquellos que deberán recoger sus cosas y pasar por el despacho de RRHH. Llantos, quejas… miradas en búsqueda de apoyo moral y/o auxilio. Poco a poco van circulando los elegidos… hasta que se escucha al supervisor decir «fin de la lista«.

Sarah no está entre los nombrados, pero si Rosa su compañera de despacho. Dolor y tristeza mezclados con alivio y alegría recorren a aquellos que en esta ocasión se han salvado de la «quema». Es curioso como una persona puede temer una reunión con su jefe a las 9:00 y a las 12:00 que ese hecho no le importe nada en absoluto.

Un mes después la normalidad parece haber regresado a la empresa, aunque todos saben que la situación financiera de la misma sigue en entredicho. La mayoría ha dejado de ir a la sala de espera que parece transmitir o provocar dolorosos recuerdos…

Las 10:00, «¡Sarah, mira!» exclama Laura que está fotocopiando al lado de la ventana. «¡Es el supervisor regional!» dice con un tono tembloroso. En pocos segundos la noticia de la visita no anunciada recorre los departamentos de la empresa. Agitación, nervios, estrés… que hinundan y contagian a todo el que se entera de la visita.

Las 12:00, nuevo anuncio en la sala de descanso para el personal. Sarah piensa que ya podrían haberlo realizado de otro modo, si ya estaba condenada la sala de espera ahora más todavía y encima a la misma hora que la otra vez…

Malas noticias, la empresa ha entrado en concurso de acreedores. «Concurso de acreedores» piensa Sarah, «qué curioso, unas palabras a las que hace años nadie habría prestado mucha atención por no entender su significado, se han tornado una pesadilla que nadie quiere oír«.

«Cómo cambian las cosas ¿eh, Sarah?«, se dice para sí misma, «hace un mes y un día tu mayor temor al venir a trabajar era el mal humor de tu jefe y ahora tu mayor temor es que venga de visita el supervisor regional

Todos saben qué significan esas palabras, cierre de la empresa y despido, pero más allá del temor a perder el empleo está el conocimiento de que en algunos casos pueden pasar meses teniendo que ir a la empresa sin cobrar.  «Madre mía» piensa Sarah, «por favor que no pase como a Carla (una amiga) que se tiró 5 meses sin cobrar«.  Angustia, nudo en la garganta y mente en blanco.

Una semana después de la noticia la oficina es un caos, en los departamentos las personas se dedican a buscar empleo en sus ordenadores en lugar de trabajar, «total, para qué» oye decir Sarah a unos compañeros. Sin embargo ella sí continua trabajando pues necesita mantenerse ocupada y no pensar en el tiempo que quedará hasta salir de esta situación. «¿Irónico verdad?«, piensa Sarah, «he pasado en solo unos meses de tener miedo a mi jefe y a que me despidieran, a desear que lo hagan, jajaja»

«Vale, tu no estás bien. Algo obvio por la situación, pero de ahí a que te de la risa» le dice Marta una compañera de despacho a Sarah. Al parecer Sarah se ha reido en voz alta y por eso el desconcierto de su compañera. Sarah lanza un guiño a Marta y continúa trabajando. Además de porque le relaja, siempre ha tenido en su mente la idea de que una persona debe ser profesional tanto si las cosas van bien como sino y por eso no le parece correcto buscar ofertas de empleo en el trabajo.

Llega fin de mes y Sarah imprime el informe que ha estado haciendo las últimas semanas y se lo lleva al despacho de su jefe, el cuál sorprendido al verla entrar coge los folios con la mirada perdida mientras pregunta qué es eso que le entrega Sarah. Tiene la mirada fija en el documento pero su mirada va más allá del papel, pues no reconoce el informe mensual que ha de entregarle Sarah cada fin de mes. Tras pestañear y comprobar que son esos papeles le dice a Sarah: «Sarah, ¿eres consciente de que la empresa cierra?«. Sarah se encoge de hombros pues ya había pensado que le dirían algo así y responde «Sí Chema, pero hoy no ¿verdad?«. Tras lo cual mira a los ojos del que pronto será su ex jefe y le hace una «mueca-sonrisa».

«Gracias Sarah» responde Chema. Al salir por la puerta se encuentra de frente con el supervisor regional, sobresalto, no de temor pues ya está todo dicho, pero si se le encoge el estomago al desear preguntar cuándo serán libres de la prisión en la que se encuentran. Al parecer son buenas noticias y están agilizando mucho los tramites… «ojalá no se demore el despido muchos meses más«, piensa Sarah.

Lunes 18 de Mayo, Sarah llega puntual como siempre a la oficina y aparca el coche. «Qué raro, piensa mientras anda hacia el edificio, ¿no ha llegado nadie?» No se ve luz a través de las ventanas de los despachos. Desolación, un escalofrío recorre su cuerpo al pasar por el pasillo en dirección a su despacho, a los lados puede ver a través de las cristaleras mesas vacías y papeles por el suelo, solo se escuchan voces en la sala de descanso…

Todo desvalijado, «¿nos han robado?» piensa Sarah mientras aprieta el interruptor de su despacho para dejar el abrigo y dirigirse a la sala de espera. Nada, no hay luz, «¿la han cortado o es solo un apagón?«. Va hacia la sala de descanso dónde están discutiendo varios empleados. Al parecer algunos se han cobrado en especie los sueldos que no está pagando la empresa y se han llevado los ordenadores y todo lo que han encontrado.

«¿Y ahora que hacemos 8 horas al día aquí encerrados sin poder salir?» medio grita Marta mientras comienza a llorar. Jaula, ahora si es una jaula en la que no hay nada que hacer durante 8 horas al día. Suspiros y quejas por parte del personal y silencio por parte del resto.

Semanas después cerrarían la empresa oficialmente y podrían resolver el papeleo de la prestación y dedicarse a buscar trabajo desde sus casas.

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Con esta historia he querido transmitirte tres ideas:

1. Las cosas pueden ir mal y tener miedo, pero nunca debes permitir que el miedo te paralice. Busca el modo de continuar y mantenerte fuerte, ya sea trabajando, buscando empleo… Sarah decidió trabajar y otros buscar empleo, pero hay muchas personas que se quedan en un estado de bloqueo y no son capaces de reaccionar.

2. Las cosas pueden ir mal o bien en tu vida, pues la vida suele tener estos cambios, pero si hay algo que no debería cambiar sea cual sea la situación es tu profesionalidad. El cómo actúes en lo bueno y en lo malo será lo que otros recuerden de ti y será lo que te permitirá tener una conciencia más tranquila.

3. Hay situaciones difíciles que vivirás, ojalá nunca experimentes un ERE como Sarah, pero entender que se puede desear perder un empleo del mismo modo que otra persona desea encontrarlo es algo que lo relativiza todo. Pues no se trata de un empleo, sino de lo que signifique para ti ese empleo.

Sarah ha vivido más historias en su vida profesional, tras el ERE puedes leer «el  día que Sarah encontró la llave a su nuevo empleo» o «Sarah y el cuento de la lechera» que tuvo lugar entre la historia que acabas de leer y la del nuevo empleo.

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